Camino a Shelter Bay

Febrero de 2012

 

La cosa no pinta mal, viento y mar de moderada intensidad en nuestra travesía de vuelta a Portobelo desde San Blas. No obstante, sin lograr hallar una justificación con peso, me he mareado como una mona; Jose dice que no recuerda haberme visto nunca así. Comí poco por la mañana y simplemente me pillaría mal cuerpo. Qué desagradable es cuando uno se marea en el barco. En esos momentos me imaginaba una travesía al Pacífico así, los veinticinco días mareada. -¡Tonterías!- Exclama Jose - Ya verás como después del tercer día ya te acostumbras al movimiento y puedes bajar abajo y hacer de todo.

 
Esta vez fondeamos en el lado izquierdo de la bahía de Portobelo, que está más lejos del pueblo y consecuentemente las aguas permanecen más limpias, con el inconveniente de haber bastante calado -unos 14 ó 15 metros- aunque adelante del todo encontramos un huequecito donde la profundidad es de 9 metros, cerca del colega francés Benoit.

 
La bahía está más poblada de barcos que nunca, es época de cruce y el movimiento se nota. Descubrimos, tarde,  que en el canal 72 de VHF hay una net todas las mañanas exclusiva para Portobelo. El pueblo sigue teniendo el atractivo histórico aunque lo sentimos pobre, sucio y descuidado; quizás más que otras veces. 

 
Siempre que llegamos aquí hay cosas que hacer en tierra y yo viajo a Colón mientras que el capi permanece en el barco. Llega el cumpleaños de Jose y decidimos celebrarlo con un almuerzo en un restaurante típico de la villa. La comida no es muy variada en el país y tampoco nos enloquece: pescado o pollo, arroz con coco, patacones y ensalada de repollo y zanahoria. Este es el plato que se suele ver en la mesa de cualquier restaurante corriente; también se toma mucha sopa, pulpo, ceviche, algún guiso de carne y poco más. Un plato suele costar entre 5 y 8$.

 

A la noche hacemos una barbacoa en el barco y invitamos a John y Donna -del Celtic Dream- y Benoit. John es texano y Donna de la isla de Grenada, son una pareja muy simpática y agradable. La velada transcurre de manera muy amena con conversaciones muy interesantes. 

 
Al día siguiente nos encontramos con Peyo, su novia Katy y su amigo Dominic junto con otros tres amigos suyos de otro barco y comemos de nuevo en el pueblo. Ellos andan con un coche que alquilaron y no saben dónde van a dormir ya que su barco quedó en San Blas y los invitamos a los tres a dormir en el Cap's. A la mañana siguiente aprovechamos que van hacia Panamá y nos sumamos, evitando tener que ir en transporte público que demora mucho más y se hace bastante tedioso.

La mañana y la tarde la pasamos haciendo averiguaciones, buscando recambios y repuestos, compras... un poco agotador ya que para cada cosa hay que tomar taxi o autobús debido a que los diferentes negocios quedan dispersos en una punta u otra de la ciudad... Al mediodía hacemos un break y vamos al Casco Viejo a comer con Peyo, Katy y Dominic y un catalán que lleva tres años en el país. Hoy es el cumple de Katy y almorzamos en un restaurant italiano en plena Plaza de la Catedral. Como comentábamos antes, en nuestra opinión, la comida no es el fuerte panameño y está correcta pero no exquisita. Eso sí, el helado de postre que comemos en una heladería cercana, riquísimo. Katy es panameña y conoce los lugares clave. 

 

El Casco Viejo de la ciudad es bonito y en algunas cosas se asemeja un tanto a Cartagena de Indias; guarda edificios memorables de incuestionable belleza pero queda demasiado trabajo de restauración por hacer. Y seguramente habrá que esperar unos años para conseguir una ciudad vieja inmaculada y con el cuidado que merece. 

 
Al regresar de la jornada en la city nos encontramos con una nota en el barco. Nuestro barco ha garreado y han tenido que recuperarlo poniéndole una segunda ancla para asegurar el fondeo. Nos estremecemos al terminar de leer el mensaje y presurosamente nos dirigimos al catamarán Ajaya que es el que firma la nota. La agradable pareja inglesa Phil y Nikki nos cuentan que hoy han soplado más de veinticinco nudos y como estaban delante nuestro notaron que nuestro barco cada vez se retiraba más. Hicieron una llamada en la radio y otro barco - el Miew-  vino a ayudarles. Volvieron a acercar el barco empujándolo con el dinghy y pusieron una segunda ancla para asegurarlo. Les agradecemos por activa y pasiva lo que han hecho por nosotros y obsequiamos simbólicamente a los rescatadores con una botella de vino que tardan en aceptar ya que simplemente dicen que a ellos les hubiera gustado que alguien hubiera hecho esto por ellos de estar en nuestro caso. La solidaridad en la mar existe y es algo indescriptible. 

 
No pasamos muy buena noche y nos despertamos mutuamente cada vez que uno u otro se desvela, intranquilos, en el momento en que oímos que el viento aumenta, para asegurar que el barco sigue en su lugar. No es muy agradable la sensación que te deja el saber que tu barco ha estado garreando en tu ausencia y han tenido que asistirlo. Nos enteramos que otros barcos también garrearon y es que ya es conocido que el fondeo de Portobelo con condiciones adversas no es muy bueno. Nosotros teníamos 70 metros de cadena para los 9 metros que marcaba la sonda y no podíamos imaginar que podía llegar a garrear, por eso, no consideramos poner la segunda ancla al dejar el barco por todo un día. En fin, que el fondo no es demasiado bueno y dicen que se junta otro factor y es que hay un río que desemboca en la misma bahía y puede traer una fuerte corriente. 

 
A la mañana siguiente adelantamos un día nuestra partida hacia Colón y levantamos fondeo con la ayuda de Phil para entregarle su cabo y ancla y coordinar la maniobra. Entramos a las puertas del canal con bastante viento y el fondeadero frente al Club Náutico Caribe parece completo pero conseguimos hacernos con un huequecito y quedamos bien fondedos justo en el límite que marcan las boyas del canal de tránsito.  


El ambiente náutico va cambiando paulatinamente; poco rastro queda de los barcos americanos que son una mayoría en San Blas, para dejar espacio a otros de banderas europeas, sobretodo franceses, como también daneses, alemanes, austríacos, suecos... todos preparándose para cruzar el canal. Es una escena muy muy diferente a la que estábamos más acostumbrados. Del club de los repetidores del Caribe un año tras otro, a los navegantes variopintos que no hace mucho que llegaron a aguas caribeñas tras dejar atrás el Atlántico:  "abuelos" que nos dejan anonadados, nos dan una lección de que la vida se para solo para algunos a ciertas edades mientras que otros deciden vivirla con plena intensidad hasta décadas muy avanzadas; las familias con niños pequeños que tanto nos enternecen, barcos medianos, barcos diminutos, muchos catamaranes..., algunas parejas jóvenes que te das cuenta que van con monedillas en los bolsillos y no saben cuánto les van a durar ... Aquí hay de todo. 


En Colón, taxi arriba y abajo, intentamos conseguir lo que necesitamos, armándonos de paciencia. Todo cuesta horrores, lo que ya encargamos con más de un mes de antelación todavía no está, en los negocios la mayoría de veces el personal es inexperto y no conoce las características del producto o ni siquiera entiende lo que le pides, debemos descubrir donde encontrar cada cosa que suele ser bastante precisa y te mandan a un lado, luego a otro y a veces terminas la mañana sin haber conseguido nada. Pero es el precio que hay que pagar, extranjeros, en un país caribeño donde el ritmo es muy diferente y aunque Panamá quiera presumir de estar en vías de desarrollo acelerado mucho queda por hacer en el plano educativo y obviamente económico en una amplia mayoría de la población donde tantas cosas no funcionan. 

 


 

 

 

Vuelta a la vida de fondeo en Portobelo


Enero de 2012

 
Tras quedar atrapados en Shelter Bay con un viento fuerte que nos obliga a pagar los casi 50$ al día por el amarre, conseguimos despegar. 

 

El Brigante no es un barco cualquiera, todos lo sabemos, y David e Ilva no son unos armadores más, sin duda, no para nosotros, que han calado nuestros corazones y nos despedimos con lágrimas en los ojos tras haber compartido muchos ratos, charlas y risas. Ciao amici, ci vediamo nel Pacífico, Australia e Trastevere nella Bella Roma, dai! Monty y Chris también nos ayudan a largar amarras pero a ellos los vemos en unos diítas en San Blas

 
Salimos con 20' de viento y el tránsito por el canal está pesado, así que nos colamos entre un mercante y otro que entran;  sus hélices, la corriente y el mar entrante generan un movimiento que parece agua hirviendo con toda intensidad. A medida que vamos saliendo y sorteando los grandes barcos afuera fondeados la ola se vuelve más calma y estable y navegamos las 15 ó 20 millas que nos separan de Portobello con viento de proa con una intensidad entre 20 y 28 nudos.  

 
Hasta ahora nunca habíamos fondeado en la inmensa bahía de Portobello. Esta vez nos decidimos por esta y no por la cercana Linton porque las comunicaciones con la ciudad son mucho más frecuentes y resulta más cómodo también por estar cerca del pueblo y poder hacer las compras diarias de comida así como también salir a caminar un ratito por la villa. El gran inconveniente de la bahía es que hay que estar atento a no tener vientos del oeste ya que está muy abierta y entra mucho mar, puede ser insoportable y poco seguro permanecer aquí cuando las brisas vienen desde esta dirección. 

 
Echamos el ancla, bajamos el dinghy, el motor... rutina a la que nos habíamos deshabituado por completo pero que nos trae aires nuevos y de libertad. La vida en la marina es cómoda y metidos allí cuesta arrancar. Pero una vez fondeados, tras unos cuantos meses, la sensación es indescriptible. Las vistas de esta hermosa bahía que en su día fue uno de los principales puntos de defensa en todo el mar Caribe es incomparable. 

 
Enseguida nos viene a saludar Benoit, el amiguete francés de San Blas, que ha tenido la desgracia de ser atrapado por un rayo en la isla de Chichimé y ha perdido la electrónica de su barco; ya ha gastado 15.000 dólares reponiendo placas, piloto automático, plotter, sonda, radio...TODO... que espera su seguro le devuelva rápidamente.

 
David e Ilva nos han regalado un modem de Digicel por lo cual tenemos internet en el barco, esto hace todo más fácil y podemos estar conectados constantemente. También sirve en San Blas, sobretodo en las islas del oeste como Chichimé y Limones. El plan prepago por un mes de 4Gb sale por 15 balboas. 

 
Como las cosas aquí van despacio ya hay que ir preparando todo lo necesario para el cruce al Pacífico; no esperar al final para que no nos pase como a muchos que todo se va posponiendo esperando recibir los pedidos de última hora, así que hacemos listas y empezamos a movernos. 


Con fecha para sacar el barco fuera del agua a mediados de febrero empezamos a gestionar todo lo correspondiente al cruce al canal que haremos hacia el 22 del mismo mes. Hay que averiguar los distintos agentes que te ayudan con la gestión, comparar precios y decidir con cuál nos quedamos e ir reservando turno. Ya hablaremos de esto cuando llegue este capítulo. 


Nos ponemos en contacto con Roman, un austríaco que arregla velas del que nos han hablado muy bien, y le dejamos el yankie y la trinqueta para que nos recosa la banda solar que desafortunadamente se ha ido descosiendo por no tener un material adecuado para los trópicos. El único material que funciona aquí bien es la sumbrella. 


Mientras Jose se queda cuidando del barco yo hago varios viajes a Colón para ir resolviendo otros asuntos. El billete a la ciudad desde Portobello cuesta 1'60$ y demora casi dos horas con  las "tropocientas" paradas. Llevamos el ordenador a un servicio técnico de Samsung que hemos encontrado en  Plaza Milenium. Desafortunadamente nos cayó agua en el teclado y dejó de funcionar. Parece ser que es la tarjeta que hay que cambiarla por 150$, bueno, contentos de que tiene arreglo...


Última estiba de productos frescos como fruta,  verdura, carne y pollo para llenar el congelador que luce en el comedor del Cap's tras haberle hecho una caja de madera para aislarla mejor y por estética. La hemos bautizado como la golden box "caja de oro" porque ha dado un trabajo tremendo y Jose cada día estaba entregado a ella. 

 

La novedad es que han puesto un cajero automático en el pueblo y ya no es necesario acercarse a Sabanitas para sacar dinero. 

 

Mientras esperamos los arreglos, transcurre algo más de una semana y aprovechamos para conocer mejor las seis fortalezas que quedan de la época a un lado y otro de la bahía. Desde algunas, las vistas son perfectas para controlar todo el espacio marítimo, contamos casi sesenta barcos fondeados. 


Diariamente vamos a cargar agua al pueblo para ir rellenando la que vamos gastando. El gasoil y la gasolina aquí están carísimas, unos 5$ el galón, cuando el precio normal está en 3,75$, así que esperamos para cargar en Linton donde hacemos una parada de un día y compramos gasolina al mismo precio de Portobello, el gasoil se les ha terminado. 

 

 


 

 

 

Shelter Bay

Enero de 2012


Largamos amarras con esos nervios iniciales que generan las etapas largas sin navegación; yo ya sé que eso siempre me pasa y me cuesta arrancar; casi seis meses sin navegar no es poco tiempo... 

 
La meteo apunta a que no vamos a tener mucho viento, pero sí mar formado que llega desde Cartagena. Al principio la ola es grande pero muy larga y apenas notamos el movimiento porque el barco pasa muy bien, a medida que avanzamos la ola es más corta y más incómoda y el barco se mueve como una coctelera; la altura de ola es de unos 3 metros.

 

Navegamos en todo momento junto al Brigante dejando la distancia necesaria de seguridad y vamos comunicándonos por radio. La mala noticia es que se les ha estropeado el piloto automático y van a tener una larga travesía teniendo que timonear todo el tiempo. De vez en cuando vemos en el radar el aviso de un chubasco que nos trae agua, el viento se aproa y viene racheado; por lo que recogemos el génova rápidamente. 

 
Tras recorrer  140 millas, con una corriente a favor de dos nudos,  llegamos a la entrada del Canal de Panamá. Nuestra intención es fondear al lado de la Marina Shelter Bay pero no hay ningún otro barco fondeado y no tenemos claro el punto de fondeo así que entramos a puerto. 


Llamamos repetidamente al canal 74 de VHF pero nadie responde, quizás es demasiado temprano; entramos directamente y vemos a un marinero que nos dirige al pantalán E. Una vez amarrados nos percatamos que no tiene ni luz ni agua. 


Shelter Bay es una marina cara. Los precios de diciembre a junio para un velero de 40 a 50 pies es de 1.20$ pie/ día si estás menos de 15 días. A partir de esta estancia hasta un mes el precio por pie baja a 0.75$, y así va bajando sucesivamente hasta 0'45$ pies/día para estancias mínimas de 179 días. Además hay que sumar el 9% de las taxas. En el pantalán que nos han metido tenemos un 20% de descuento por no haber agua ni luz; y no nos cambiamos para poder abaratar un poco el gasto. El último día cargamos los depósitos de agua con una manguera ultralarga que nos presta Marc, un leridano que lleva un tiempo por aquí. 


Pensábamos estar un día solo pero llega año nuevo, después tenemos días de mucho viento... en fin, que ya dicen que esta marina te atrapa un poco. 


Los servicios están  bien y es un lugar cómodo para estar: piscina con jacuzzi donde acudimos todas las tardecitas a refrescarnos, unas duchas grandes y cómodas, resturant con happy hour de 17:30 a 19h con cervezas a 1$; un pequeño gimnasio, una tienda náutica de Pesqueros, un mini supermercado, lavandería por 2$ y con secado 4$... El servicio de internet se paga aparte,  10$ por semana.

Los encargados, todos americanos,  son muy estrictos y en vez de tratarte como a un cliente parece que te estén haciendo un favor. En fin... que saben que es la única marina que hay aquí y cobran lo que quieren por todo y si no te gusta te vas, no tienes otra opción. No quedamos muy satisfechos con el trato.

Decidimos sacar el barco fuera del agua ahora pero nos dicen que no hay lugar hasta de aquí 17 días. No entendemos porqué ya que se ve espacio suficiente en el varadero y casi no hay movimiento, pero así son las normas... Hay que pedir día con mucha antelación. Fijamos nuestra cita para el 16 de febrero, cuando regresemos de San Blas


La marina está un poco aislada. Hay un servicio diario de autobús con tres paradas diferentes: en Cuatro Altos, donde se encuentra el Supermercado El Rey, un centro comercial, una pequeña tienda de Abernathys que acaban de abrir, una ferretería...; Milenium, otro centro comercial donde está la tienda de Novey que es un tipo Leroy Merlyn y por último Colón ciudad. El minibus sale a las 8 de la mañana y regresa a las 11.15h, también hay otro viaje de regreso a las 15:30h pagando cuatro dólares y pico. Los taxis desde la marina a Colón salen 20$ el trayecto; no es que la distancia sea tanta pero está el canal por medio y cuando el puente está cerrado hay que esperar a que el barco que está atravesando termine y demora un buen rato. 


A nuestra llegada a Shelter enontramos al Peking que está por partir en una hora, al Rebeca que iba a salir el mismo día para San Andrés pero se queda un día más, a Monty y Chris que han llegado tras ivernar el barco y lo están preparando para la nueva temporada... Fernando y Pepa nos invitan a cenar a su barco y como cosa extraordinaria comemos turrones de postre que acaban de traer de España


Organizamos la cenita de fin de año en el Brigante con David, Ilva, Monty y Chris que no están muy seguros de poder resistir hasta las 12 ya que en Estados Unidos se empieza a comer a las 5 ó 6 pm. Aperitivo, carne rellena, ensaladas, chocolates, roscón... e introducimos a nuestros amigos en nuestra tradición de las uvas. Los italianos lo suelen hacer con lentejas y cuantas más coma uno, más suerte con el dinero va a tener... pero su cocción es laboriosa y no estamos por ello. Ponemos la radio para escuchar las campanadas, pero se oye solo música, así que las vamos cantando nosotros: una, dos, tres, cuatro... A medianoche se empiezan a oír las potentes bocinas de los mercantes que están fondeados ahí fuera y brindamos por un 2012 que esperamos nos traiga a todos buenas cosas y mucha felicidad.  

 

 

 

Puerto Lindo y Sabanitas

 

Poco a poco vamos acabando nuestra despensa y al final se hace imprescindible un viaje al continente para recargar víveres para los cuatro siguientes meses que nos quedan en San Blas. En el archipiélago es posible comprar algo de fruta, verdura, huevos, pollo y poco más.

 

Navegamos a Puerto Lindo a una distancia de 40 millas. Nos sorprende la cantidad de barcos que hay fondeados, contamos más 50 cuando esperábamos encontrar unos pocos. Poca cosa hay en Puerto Lindo además de un pequeño pueblito. Para hacer compras hay que ir a Sabanitas, se puede dejar el auxiliar todo el día en el dinghy dock del bar de Puerto Lindo consumiendo algo y tomar un autobús (2,25$) hasta Sabanitas que está a una hora y media de distancia. Allí hay un supermercado grande, El Rey, donde hay de todo y está abierto las 24 horas. Para regresar con los paquetes un taxi sale por 20$ o si compras más de 500$ te traen la compra, cantidad que no es muy difícil alcanzar si compras para varios meses. También hay un banco con cajero automático.

 

Puerto Lindo también se conoce como Linton, que es una isla que está enfrente  inhabitada excepto por unos cuantos monos que viven en ella. Queremos conocer a los famosos dueños del territorio y desembarcamos en ella, teniendo cuidado con los  simios que muchas veces se hacen los amigables pero a veces muerden.


 

 

 

Portobello


La bahía de Portobello fue “descubierta” por Colón en 1502 durante su cuarto viaje. En los siguientes 200 años se convirtió en el más importante puerto español en Centro América. Las ruinas de las sólidas fortificaciones quedan como testigo de la preponderancia de antaño de este punto.

También en destino de muchos fieles que van a pregar al conocido Cristo Negro.

 

La costa desde Colón a Kuna Yala es conocida como Costa Arriba. La mayoría de la población son descendientes de Jamaica así que predomina la gente de color.

 

Hay un gran fondeadero que se encuentra a unas 10 millas de Isla Linton. Está mejor comunicado para ir a Colón o Panamá City con autobuses cada media hora (desde Linton solo hay cinco buses diarios); pero muchos dicen que el fondo es menos bueno para tirar el hierro.

 

Hay varios supermercados pequeños y algunos restaurantes. El más conocido es el Captain Jacks donde se reúnen los mochileros y navegantes; buen ambiente, buena música, camas para los mochileros, wifi y sandwichs al estilo americano; contrasta con el resto de garitos donde se encuentra comida criolla más barata donde se puede comer comida por 3$ el plato y 0’75$ la cerveza.

 

En la plaza de la iglesia también hay acceso a internet por 1’23$ la hora y en la biblioteca del pueblo por 1’50$ la hora.

 

Se pueden recargar las botellas de butano en una pequeña caseta regida por unos estado unidenses  al lado de la aduana por 15$.


 

 

 

Panama  City

 

Desde Sabanitas salen autobuses directos a la capital del país que demoran una hora por 2’50$ el trayecto, con aire acondicionado y televisión. No es mala idea acercarse a Panama City para conocerla y para hacer compras de cosas de barco o cualquier otra cosa que se necesite. Panama City es conocido como un importante centro de compras en todo Latino América.

 

Visitar el casco histórico, contemplar el Océano Pacífico y ver la zona de rascacielos en un viaje relámpago es lo más interesante para ver. Moverse dentro de la capital es barato hacerlo en taxi ya que la carrera sale unos 3$, siempre hay que acordar el precio antes.

  

Los viajes en autobús son toda una experiencia; los autobuses de línea de Panamá son muy curiosos y pintorescos, con ballenato, salsa o algún ritmo latino a tope, lucecitas en el frontal que se iluminan cuando se activan los frenos y decoraciones bien llamativas.

 

Albrook mall, al lado de la terimal, es un gran centro comercial con casi 500 tiendas para poder hacer algunas compras; en toda la city hay varios macro centros donde se encuentra toda clase de cosas.

 

 

 

 

Parada en Linton y escapadas a la city


Mayo de 2011

Dejamos atrás Kuna Yala tras cinco meses magníficos en nuestro pequeño paraíso y volvemos a Linton, previa tramitación del zarpe a Bocas del Toro, necesario para moverse por aguas panameñas que cuesta 16’50$ (si bien los barcos no lo suelen tramitar para los pequeños traslados a Linton o Portobello para ir a mayores distancias y pasar largos periodos es necesario hacerlo). 

Fondeamos con dos anclas como hicimos la otra vez. El fondo es fango y a nuestra ancla Delta no le va muy bien por eso a escasos metros del ancla principal ponemos por delante la Fortress; no queremos volver a garrear como nos ocurrió en la otra ocasión.  Si bien el viento ha bajado en demasía, a partir de la época de lluvias hay que tener cuidado con los “culos de pollo” que son ráfagas esporádicas y breves que suben repentinamente el viento hasta 50 nudos y que cada año meten a más de un barco en la playa o en algún arrecife.

 

Tras regresar a un lugar ya conocido siempre existe un sentimiento de familiaridad y tranquilidad, aquí ya sabemos cómo movernos y dónde queda todo. El fondeo de Linton nos sigue pareciendo más bonito y cómodo que el de Portobello aunque las comunicaciones no sean tan frecuentes. Nos encontramos con barcos ya conocidos: el Kaija’s Song, la comunidad canaria del Güifli, Manigua, Temple y Menisco Roto; Felipe del Renegade...

 

Varios paseos a Portobello para consultar internet y comprar algunos víveres y los tediosos viajes a Panamá City que nos llevan cinco horas montados en las guaguas entre la ida y la venida alternan con las jornadas en Linton de trabajitos pendientes.

 

Panamá es un buen lugar para terminar de equipar el barco, resulta más barato que la mayoría de países y a través de Marine Ware House es posible pedir cosas a Estados Unidos sin necesitar una dirección donde recogerlo y al mismo coste que en las webs americanas. Aprovechamos para adquirir un congelador y un generador eólico para terminar de cubrir el consumo. Ahora el Cap’s ya no es un barco vulgar,  se dice que un velero con hielo a bordo ya es otra cosa...

Vamos conociendo cada vez más la ciudad y los taxis pasan de cobrarnos 3 ó 4 dólares por trayecto como lo hacían las primeras veces a 2 dólares, que suele ser la tarifa para los locales. A veces cogemos alguna guagua que sale 0’25$ pero que tarda bastante más y nos ralentiza la cantidad de cosas que tenemos que hacer en cada escapada a la city.

 

Además de Warehouse, que poca cosa tienen en stock pero los shippings son rápidos hay tres importantes casas náuticas Centro marino, Abernathyes y Pesqueros.

 

 

 

 

Colón, ¿es tan peligrosa cómo dicen?


Junio de 2011

Nubes negrísimas y cortinas de agua no muy lejos nos amenazan en la última parte del viaje a Colón, que dista unas 25 millas de Linton, pero por bondad de la naturaleza nos libramos de una buena y llegamos casi secos. En la aproximación muchos mercantes fondeados descansan fuera de la bahía. Nos adentramos en el gran Puerto de Colón que antecede al Canal de Panamá y nos cuesta encontrar el pequeño fondeadero para los veleros situado al lado del Club Náutico Caribe.

El fondeadero es incómodo porque pasan los pilots a mucha velocidad creando unos movimientos bruscos, el agua muy sucia y ruido de las grúas que descargan los contenedores del gran puerto comercial que tenemos enfrente.

 

Para desembarcar con el dinghy en el deteriorado y venido a menos Club Náutico Caribe hay que pagar 5 dólares diarios, a cambio te ofrecen la seguridad de la entrada con acceso restringido que da tranquilidad a nuestro chinchorro en esta malnombrada ciudad. Para agua y acceso a las duchas hay que pagar un extra de 20$ por estancia. Nos parece excesivo y preferimos controlar el agua que nos queda y que vamos manteniendo con la que recogemos de la lluvia en estos últimos días bastante húmedos. En el Club Náutico hay un restaurante y un bar, ambos tienen wifi, y una pequeña tienda náutica.

Tan solo tres barcos más hay fondeados que esperan el cruce del canal. Es aquí donde las embarcaciones ultiman sus preparativos y aguardan a la fecha asignada para pasar al otro océano. En meses anteriores hubiéramos encontrado decenas de barcos apelotonados pero ahora ya quedan unos pocos que van tarde para la fecha que suelen ser recomendables para el cruce.

 

Entablamos relación con los barcos que están apunto de partir. Una simpática pareja joven francesa-australiana, Eric y Simone, que refresca un poco el ambiente mayoritario con el que nos hemos ido topando de jubilados o prejubilados de más de 55 años. También un francés, un americano y un argentino, todos navegantes solitarios, que cruzan en más de una ocasión el canal para ayudarse entre unos y otros ya que se requiere una tripulación de cuatro más el patrón, además del práctico, para el paso de las esclusas.

Nos adelantan que el precio del cruce para barcos de menos de 50 pies de eslora está entre 800 ó 900 dólares, según el agente, incluyendo alquiler de amarras, neumáticos y el práctico. Entraremos en detalles cuando estemos más cerca de esta envergadura y lo vayamos palpando por nosotros mismos.

 

Colón tiene muy mala reputación por su peligrosidad, además de ser sucia y carecer de ningún tipo de atractivo. Hay signos de que en otro momento fue mejor y ha tenido una acusada decadencia. Para evitar exponerse a ningún percance es recomendable moverse a todas partes con taxi que tiene una tarifa fija de 0’90$ más 0’25 por pasajero adicional.

Encontramos las grandes cadenas de El Rey y Super 99 –con varios productos españoles como jamón, queso manchego y algunas latas- y la famosa Zona libre que viene a ser la segunda más grande del mundo después de Hong Kong. Una micro ciudad rodeada de altas paredes con cientos de tiendas de todo tipo entre las que se encuentran una mayoría con bastante material de poca monta. Lo cierto es que salvo alguna cosa muy concreta los precios apenas se diferencian con el resto de tiendas de la capital y solo vale realmente la pena si se hacen compras grandes de más de seis artículos iguales es a partir de cuando las rebajas son hasta más de la mitad del precio etiquetado. Todavía no nos ha quedado claro realmente el funcionamiento de la zona libre de tasas ya que cada uno te dice algo diferente. Nosotros compramos pequeñas cosas que llevábamos en la mochila y a la salida nadie nos revisó, algunos dicen que por persona esta permitido un máximo de compra de 80$ y para más hay que pagar una cuota de ciento y pico que solo compensa para gastos muy grandes; todos cuentan que hay varios taxis dentro que tienen contactos en la puerta y dándoles una “mordida” de unos 20 $ sacas todo sin dificultad.

 

En Colón aprovechamos para solucionar por fin el tema de las botellas de gas. Ir con las azules ya no tiene ningún sentido: sale caro, duran poco y es difícil de encontrar lugares que te las llenen. Compramos la botella panameña con adaptador americano que se encuentra en Tropigas, en la Calle 2 (60$ + 17$ la recarga). Compramos el regulador en Novey (en la Plaza Milenium) y fabricamos una manguera para trasvasar el gas a la botella azul que nos sirve para la barbacoa (piezas en la Ferretería García en la Av. Central).

 

En el Club Náutico hay una gasolinera de la que recomiendan no cargar diesel porque no está en buenas condiciones. Es mejor salir con el taxi a una gasolinera regular a pocas calles de distancia y cargar los bidones. Ahora el precio del gasoil está a 3’72$ el galón.

 

 

 

 

Río Chagres

 

Junio de 2011

Salimos de Colón camino a Bocas del Toro pero antes paramos un día en Río Chagres que queda solo a siete millas de la primera ciudad. La entrada no es sencilla y hay que hacerla con mucho cuidado. Esta vez nos ayudamos de las cartas de Erich Bahuaus escaneadas y que pueden verse a través del programa de navegación Open Cpn. No es difícil hacerse con ellas ya que hay más de un barco que las tiene. Las cartas sirven para San Blas y todo Panamá, aunque hasta ahora no las habíamos usado pero hemos descubierto que pueden ser de gran ayuda en los lugares difíciles.

 

Río Chagres es un río navegable. Allí nos encontramos totalmente solos en compañía de la naturaleza. No hay barcos, no hay nada más que cientos de animalillos aullando y una vegetación muy tupida. Aunque tanta soledad impone un poco, a medida que se va acercando la noche los ruidos de los diversos animales empiezan a aumentar con una fuerza abismal y es una experiencia poder gozar de esa atmósfera. ¡Qué paz!

 

Desde allí se puede hacer una caminata por la selva hasta llegar al Fuerte San Lorenzo, una joya histórica, pero lo dejamos para la próxima vez, el día lluvioso no acompaña mucho.

 

Aprovechamos para limpiar los fondos del barco y listos para partir...